¡Gracias por venir!, dicen los guatemaltecos a médicos cubanos
A sus 82 años y casi ciego, Raimundo Gutiérrez confía en los médicos cubanos para volver a ver la luz y abandonar el bastón que ahora lleva en sus temblorosas manos.La llegada de un dúo de oftalmólogos de la Isla al suroccidental departamento de Totonicapán devuelve a los habitantes del altiplano guatemalteco la ilusión de recuperar la vista mediante el programa de atención gratuita conocido como “Operación Milagro”.
Pese al intenso frío, unas 100 personas esperan desde el amanecer en el centro de salud, y similar cifra aguarda su turno para mañana. “Estamos desde las cinco, pues, y no nos iremos hasta ver a los doctores”, explica Raimundo, del paraje Las Clavelinas.
“Si ven una esperanza, yo estoy dispuesta a ir a Cuba a operarme. Consulté varios médicos y me dijeron que no tenía remedio, por eso estamos aquí”, asegura Sara Juárez, una joven de 31 años con catarata en su
ojo izquierdo y ciega del otro desde niña.Aunque el pesquisaje incluye sólo tres enfermedades: cataratas, pterigium (carnosidades) y ptosis palpebral (caída del párpado), todos aguardan con paciencia para consultarse con los especialistas cubanos.
“Si el diagnóstico es miopía o cansancio en la vista vemos en sus rostros como si les quitaran la única esperanza de mejorar la visión”, cuenta el doctor William Trujillo, quien antes trabajó la “Operación Milagro” en los departamentos del Petén, Santa Rosa y Chimaltenango.
Para su colega Yazmyr Sánchez Colarte, especialista en Oftalmología, lo más impactante y doloroso de esta misión es “cuando nos llega un bebé o un niño con un problema visual que si se hubiera tratado a tiempo se solucionaba”.
Y no es despreocupación –asegura-, sino que como no tienen los recursos, el tiempo pasa y se quedan ciegos. Pero también es maravilloso poder darles la esperanza de que cuando regresen de Cuba van a poder jugar, ir a la escuela, hacer una vida normal.
“Que Dios los bendiga” y “Gracias por venir” son las frases más escuchadas durante las largas jornadas de consultas, en las cuales se inserta un internista, un epidemiólogo y el estadístico de la brigada médica cubana junto a la trabajadora social del área de salud.
El pesquisaje se inicia a diario con una charla por parte de los médicos sobre los beneficios del humanitario proyecto cubano-venezolano, que ya abarca 25 países y mediante el cual este año recuperarán la visión más de 300 mil personas necesitadas.
Después de estar aproximadamente una semana en el centro de salud del departamento, el equipo multidisciplinario recorre aldeas y cantones para lograr que llegue a todos la asistencia que por años no han podido pagar debido al alto precio de las cirugías, fundamentalmente de catarata.Escenas muy conmovedoras se viven en el aeropuerto La Aurora al retorno de los vuelos, cuando familiares de los pacientes ven que entran caminando sin la ayuda de un bastón y reconocen sus rostros, casi olvidados, por los años sin ver la luz.
Hasta la fecha, más de 800 guatemaltecos de escasos recursos fueron operados con este programa de atención oftalmológica gratuita, y suman cinco los departamentos a donde ha llegado desde su implantación aquí, en septiembre de 2005.
Mientras los totonicapenses regresan de un primer vuelo, los habitantes de Alta Verapaz, Petén, Santa Rosa y Chimaltenango ya cuentan emocionantes historias, llamadas del “Milagro”.



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