Friday, March 31, 2006

Los niños del milagro


Carlos y Walter Tzic nacieron con catarata congénita en ambos ojos. De diez y ocho años cada uno, hoy tienen en Cuba la oportunidad de rescatar una infancia perdida entre las sombras.
Junto a su padre, Juan Tzic, estos hermanitos viajaron ayer a La Habana para ser sometidos a una operación quirúrgica que en todo este tiempo no pudieron pagar por sus altos costos.
“Hace unos años vimos en Xelajú (Quetzaltenango) a unos doctores y nos pidieron ocho mil quetzales por cada ojo, pero nosotros no tenemos ese dinero, ni siquiera hemos podido construir nuestra vivienda, sólo nos da para vivir”, explica Tzic.
Del municipio San Cristóbal llegaron al departamento cabecera Totonicapán, en el altiplano guatemalteco, cuando les avisaron que dos doctores cubanos estaban dando consulta oftalmológica gratuita.
“La historia de mis nenes es bien triste. Mi esposa y yo los queremos mucho, pero no pudimos hacer nada por ellos. Por un vecino me enteré que estaban aquí y vinimos corriendo para pedir ayuda”, narra el padre.
“Carlos y Walter apenas pueden distinguir las figuras. Ven bien borroso a las personas a una distancia corta y cuando hacen las tareas tienen que ponerse los libros casi pegados a sus ojos”.
“Hace ya meses –asegura- que no los llevamos a la escuela porque no miran la pizarra y regresaban llorando”
Según Tzic, muchas veces llegaba a la casa y a un metro de ellos no lo reconocían. “Tengo que acercarme bien y llamarlos por sus nombres para que se den cuenta que soy yo”.
“Apenas agarran los juguetes a puro tanteo y se golpean constantemente porque no logran ver las piedras o si es un barranco. Vivimos siempre pensando que algo malo les puede pasar y eso es muy triste para nosotros”, asegura.
Traviesos como todos los niños de su edad, Carlos y Walter no paraban de jugar en el aeropuerto La Aurora de esta capital bajo la mirada atenta del padre.
Juan Tzic se veía feliz junto a otros 40 totonicapenses que también encontrarán en Cuba el camino para regresar de las sombras después de muchos años de olvido y exclusión por los encarecidos servicios de salud de este país.
Atrás quedaron sus otros tres hijos, como los temores y prejuicios que le hacían dudar de emprender el viaje.
“Yo tenía mucho miedo porque se cuentan cosas de Cuba y aquí mismo en Guatemala hablan de personas que se operaran los ojos y quedaron ciegas completamente.
“Ahora tengo mucha fe porque la doctora Carmen Guerra (coordinadora de la Brigada Médica Cubana en Totonicapán) y los otros médicos de la vista me aseguraron que mis hijos regresarán curados.”
“Ya le contaré, licenciada, y si es como dice la seño Carmen tendremos que atar a estos “patojos” porque si así son bien traviesos, no sé qué harán cuando puedan andar libremente”, dice agarrándolos fuerte de la mano casi a punto de abordar el avión.
Dentro de varias semanas Carlos y Walter serán dos niños más del “Milagro” posible gracias a un programa que defiende el derecho a la salud de los pueblos por encima de intereses y partidos políticos, y sin importar condición social, raza o edad.
Hasta la fecha, la “Operación Milagro” en Guatemala ha beneficiado a más de 800 pacientes de escasos recursos, desde su implantación en septiembre de 2005.
Los habitantes de Alta Verapaz, Petén, Santa Rosa, Chimaltenango y ahora Totonicapán, cuentan emocionantes historias que encierran además de la esperanza recobrada, un agradecimiento eterno al pueblo y gobierno cubanos.

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