Los secretos de Don Chus

En Antigua, Guatemala y Amatitlán son muy famosas unas coloridas cajetas que guardan, además de ricos dulces, los secretos de una tradición familiar de casi dos siglos.
Son las creaciones de Jesús Manuel García Xuruc, más conocido como Don Chus, quien nos recibe en su taller Cajetería Ajpop de Totonicapán, donde el olor a pino blanco descubre un grupo de piezas preparadas para el toque final: el dibujo con pincel.
Cuando uno ve esas piezas puede pensar que son sencillas, pero requieren de un trabajo manual paciente y meticuloso. Cada una lleva un proceso que va desde la selección de los trozos de madera y el cepillado, hasta su secado y decoración.
Son las creaciones de Jesús Manuel García Xuruc, más conocido como Don Chus, quien nos recibe en su taller Cajetería Ajpop de Totonicapán, donde el olor a pino blanco descubre un grupo de piezas preparadas para el toque final: el dibujo con pincel.
Cuando uno ve esas piezas puede pensar que son sencillas, pero requieren de un trabajo manual paciente y meticuloso. Cada una lleva un proceso que va desde la selección de los trozos de madera y el cepillado, hasta su secado y decoración.
Este arte lleva casi dos siglos en nuestra familia, explica Don Chus. “Viene del apellido Tax y continúa con los abuelos de mi esposa, Pascuala Ajpop. Ahora nuestro hijo Gerson sigue esta tradición de cu
atro generaciones”.
atro generaciones”. De las ágiles manos de estos artesanos salen infinidad de cajetas que se distinguen por sus originales motivos. Las hay ovaladas o redondas, del tamaño de una moneda, y hasta juegos de 15 piezas (una grande contiene dentro las más pequeñas).
Los colores identifican los sabores que contienen: el blanco, el coco; el verde, la toronja; el anaranjado, el zapote; el rosado, la fresa; el amarillo, la naranja; y el morado, la uva.
Según Don Chus, en estos envases naturales los dulces y jaleas pueden conservarse de quince a veinte días sin ponerse duros, ni
perder el sabor.
Aunque prefiere mantener en secreto muchos de los pasos para elaborar sus cajetas, asegura que la calidad depende del buen cepillado de la madera para hacerla moldeable y bien fina.
La familia elabora la cola natural para pegarlas y emplea pinturas a base de añilina compuesta, sometida a altas temperaturas.
Los colores identifican los sabores que contienen: el blanco, el coco; el verde, la toronja; el anaranjado, el zapote; el rosado, la fresa; el amarillo, la naranja; y el morado, la uva.
Según Don Chus, en estos envases naturales los dulces y jaleas pueden conservarse de quince a veinte días sin ponerse duros, ni
perder el sabor.Aunque prefiere mantener en secreto muchos de los pasos para elaborar sus cajetas, asegura que la calidad depende del buen cepillado de la madera para hacerla moldeable y bien fina.
La familia elabora la cola natural para pegarlas y emplea pinturas a base de añilina compuesta, sometida a altas temperaturas.
Predominan el rojo, el amarillo, el morado y el verde, los colores de su natal tierra de pinos y abetos, Totonicapán, uno de los departamentos del altiplano guatemalteco donde florece la artesanía en madera, barro, y tejidos. 
Si bien las cajetas tienen ahora un uso más bien decorativo, la tradición oral apunta que en épocas pasadas se utilizaban como monederos llamados “de a billete”, o para guardar prendas. También las farmacias recurrían a ellas para envasar pomadas y pastillas, y en las más grandes se guardaban escrituras importantes.
Los modelos iniciales se coloreaban de morado pero más tarde incluyeron el verde y el rojo. Con el tiempo se incorporaron el rosado, el amarillo y el naranja, y surgieron nuevos diseños.
Numerosos reconocimientos en concursos y exposiciones nacionales avalan la habilidad de Don Chus, quien recibió en el 2004 el Premio Pawajtún otorgado a los mejores artesanos del país por el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala.

Si bien las cajetas tienen ahora un uso más bien decorativo, la tradición oral apunta que en épocas pasadas se utilizaban como monederos llamados “de a billete”, o para guardar prendas. También las farmacias recurrían a ellas para envasar pomadas y pastillas, y en las más grandes se guardaban escrituras importantes.
Los modelos iniciales se coloreaban de morado pero más tarde incluyeron el verde y el rojo. Con el tiempo se incorporaron el rosado, el amarillo y el naranja, y surgieron nuevos diseños.
Numerosos reconocimientos en concursos y exposiciones nacionales avalan la habilidad de Don Chus, quien recibió en el 2004 el Premio Pawajtún otorgado a los mejores artesanos del país por el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala.

Payasos, caballitos, tambores, trompos, matracas y cofres también cobran forma en La cajetería Ajpop, pues su dueño todavía cree en la magia de los juguetes de madera a pesar de que actualmente la mayoría se fabrica de plástico.
Nuestro guía y director de la Casa de Cultura de Totonicapán, Miguel Vázquez, asegura que aún conserva algunos de esos juguetes de su niñez. “Son un recuerdo muy lindo, y es un orgullo para nuestra ciudad saber que no se ha perdido este arte por la labor de personas tan dedicadas como Pascuala y Chus”.
Ahora la continuidad está en las manos de Gerson, quien creció conociendo los secretos de las populares cajetas y disfruta junto a sus padres el placer de crear las mariposas, rosas, triángulos y peces que le dan vida y color.
Nuestro guía y director de la Casa de Cultura de Totonicapán, Miguel Vázquez, asegura que aún conserva algunos de esos juguetes de su niñez. “Son un recuerdo muy lindo, y es un orgullo para nuestra ciudad saber que no se ha perdido este arte por la labor de personas tan dedicadas como Pascuala y Chus”.
Ahora la continuidad está en las manos de Gerson, quien creció conociendo los secretos de las populares cajetas y disfruta junto a sus padres el placer de crear las mariposas, rosas, triángulos y peces que le dan vida y color.


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