Saturday, April 15, 2006

Las alfombras de Semana Santa

Procesiones, comidas típicas y tradiciones dan colorido a la Semana Santa en Guatemala, donde las alfombras de flores y aserrín son las reinas de estos festejos heredados de la tradición católica del Viejo Mundo. Las más grandes y bellas se realizan en Antigua Guatemala, a 40 kilómetros de esta capital, y constituyen un espectáculo único por la dosis de paciencia, creatividad e ingenio popular que encierran.
Jamás el visitante se perdonaría no traer una cámara para retratar las alfombras que cubren las calles, las cuales se confeccionan básicamente a partir de pétalos de flores y aserrín de colores.
La bella ciudad colonial celebra la Semana Santa de mayor relieve y devoción del país, con una variedad de platillos típicos y adornos que dan sabor, olor y color a este destino turístico de excelencia.
Pero las alfombras no son un privilegio de Antigua, aunque nadie discute que exhiben las más espléndidas.
Sobre estos tapices naturales pasan las procesiones y son elaboradas a mano por los devotos. Corozo, aserrín de colores, pétalos de flores, frutas, arena, pino y otros materiales se mezclan para conformar distintos mensajes religiosos.
Las largas y vistosas alfombras típicas guatemaltecas se insertan en el llamado arte popular efímero y son un ejemplo del sincretismo religioso y cultural de este país.
Según testimonios de cronistas españoles del siglo XVI, los señores y sacerdotes caminaban en ciertas ceremonias sobre tapices de flores, pino, y plumas de aves como el quetzal.
Similar costumbre llegó a estas tierras con la Conquista, sobre todo desde las Islas Canarias, donde desde tiempos remotos se practicaba este ritual.
Con el paso del tiempo, la tradición fue adquiriendo los matices propios de la cultura y religión guatemaltecas, y hoy su funcionalidad se vincula al culto rogativo.
Para los fieles confeccionar una alfombra es agradecer un favor, un milagro, y constituye una obligación personal hacia la imagen que veneran, en este caso: los Cristos Yacentes, los Nazarenos y las advocaciones de la Virgen de la Soledad y de todos los Dolores.
Tienen un carácter colectivo, pues en su elaboración participan cientos de personas que se encargan de preparar los moldes, teñir el aserrín (rojo, verde o morado) y posteriormente, “tejerla” sobre la calle.
Además de las de Antigua Guatemala, sobresalen por su terminación y colorido las alfombras de la calle de la Amargura y Callejón del Judío, en esta capital.
Todas son expresión de la rica cultura espiritual de los habitantes de este país lleno de contrastes y bautizado como el “de la de la eterna primavera”. Las llamativas alfombras de aserrín y pino dan fe de ello.

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